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Antes de la aparición de la
televisión y de los videojuegos, muchos niños se entretenían con
unos aparatos que simulaban máquinas de cine. Estos artilugios eran el
complemento ideal para dar vida a los personajes estáticos que aparecían
en los cuentos y en los tebeos de nuestra infancia. Cinexin, Cine NIC
y otros muchos juguetes ópticos ponían en movimiento a Caperucita Roja,
El Guerrero del Antifaz, Mortadelo y Filemón, Blancanieves y los Siete
Enanitos, y muchos más. En el museo se expone una selección de esos
juguetes que han utilizado los niños a lo largo del tiempo para proyectar
películas infantiles de dibujos animados impresos sobre papel celofán o
papel vegetal; también de estas últimas se exponen algunas
correspondientes a los años 30, 40 y 50 del siglo XX.
De todos estos objetos,
destacamos dos: el praxinoscopio y el zootropo. Ambos son juguetes
ópticos y recursos para la expresión plástica de gran utilidad en la
enseñanza, considerándose, además, antecedentes del cinematógrafo.
Praxinoscopio y zootropo permiten pasar a gran velocidad muchas imágenes
que representan diversos momentos de una acción determinada,
produciéndose la ilusión de movimiento.
El zootropo es un cilindro
metálico o de cartón hueco, de unos veinte centímetros de diámetro,
que gira alrededor de un eje vertical y en cuya superficie lleva una serie
de ranuras verticales a través de las cuales se miran los dibujos que hay
en el interior. Al girar a gran velocidad, se perciben los objetos en
movimiento. En España fue puesto en el mercado en 1897 por la empresa
Agapito Borrás.
En el praxinoscopio, las ranuras son
sustituidas por espejos, sobre los que se reflejan los dibujos que hay
impresos en las tiras de papel.
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